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Desarrollo
quiere decir libertad

Articulo de Giancarlo Livraghi gian@gandalf.it
en Web Marketing Tools – noviembre 2001

Traducción de María Copani mcopani@sion.com y Pino Laurenza lauren@uni.net


 
 

Se puede aprender de las etimologías. Cierto día, hace algunos años, estaba conversando con amigos españoles y me conmovió el hecho de saber que “sviluppo” en castellano se dice desarrollo (el verbo desarrollar significa también “desenvolver”). Como en inglés development (y lo mismo en francés). Y como en italiano. Abrir algo que está enrollado. Este concepto me parece de actualidad – en particular para la internet. La red tiene una gran necesidad de que la dejen crecer según su naturaleza, según los deseos y las humanas tendencias de quien la usa, en su espontánea e infinita multiplicidad.

En cambio persisten los intentos de “enrollarla”, de constreñirla en fórmulas y definiciones, de dirigirla, pilotearla, canalizarla según los intereses de éste o de aquél, según teorías y doctrinas artificiosas, según esquemas mecanicistas e irreales. Muchas estrategias, muchas soluciones, muchas hipótesis que se proponen como evolución o desarrollo son en realidad lo contrario: involución, estrechez, retraso.

No hay desarrollo sin libertad. No hay marketing sin mercado. Si la red no es cultura, humanidad, libre intercambio de ideas y de relaciones humanas, falta el terreno en el cual sembrar cualquier intento de empresa o de business.

Este es el motivo por el cual se volvieron áridas tantas fuentes de presunta abundancia, se desmoronaron tantas empresas fundadas sobre la arena. Y otras fracasarán en el intento de sacar ganancias de un frágil juego de apariencias. Para que se pueda vender seriamente algo (un producto, un servicio, un recurso) hace falta alguien que tenga un motivo válido y concreto no sólo para comprar, sino también para después estar satisfecho de su elección. Esta elemental verdad parece olvidada en muchas operaciones de llamado “marketing” (no sólo online).

Es verdad, desafortunadamente, que en el mundo de las tecnologías alguien ha logrado vender una infinidad de cosas inútiles, de complicaciones fastidiosas, de falsas y forzadas “innovaciones”. Y sigue haciéndolo.

A tal punto que muchas técnicas se convierten en un obstáculo para todo uso eficiente, natural, humano de la red. Pero lo importante es entender que mientras estas distorsiones convienen a algunos, son un daño para todos los otros. Y son la negación de todo lo que se puede llamar “desarrollo”.

La constricción, el esquema, la centralización... son la muerte de la red. Creo y espero que sea imposible matarla. Pero más se intenta deformarla y menos se la entiende.

Debemos dar todos, creo, un paso atrás. Liberarnos de nuestros esquemas mentales y escuchar mucho más. Con atención, con curiosidad, con pasión humana. Entender cuánto de nuevo y de diferente trae cada persona, descubrir cómo cada idea pueda ayudarnos a pensar. Constatar cómo se han retorcido, enrollado, contaminado aquellos servicios que por una exasperada búsqueda de ganancia inmediata se han deformado hasta volverse inutilizables, hasta destruir los valores sobre los cuales se basaba su utilidad – o su esperanza de poder ser útiles.

Continúan los atentados a la libertad de comunicación. Continúan los intentos de canalizar, pilotear, deformar. Y más aún... no se puede no hablar de lo que está sucediendo precisamente en este período. ¿Es verdad que la horrenda plaga del terrorismo nos obliga a aceptar disgustos o rigideces a las que no estamos habitados? Sí, desafortunadamente es cierto. No es razonable oponerse al hecho de que alguien deba indagar, espiar, controlar, más de cuanto ocurre en un clima de normalidad.

Pero no es razonable aceptar que esta dramática situación se convierta en el pretexto para toda suerte de abusos. No es útil ni necesario, y no es admisible, que las ya exageradas represiones e invasiones (a menudo al servicio de intereses privados y de cosas que no tienen nada que ver con la prevención del crimen) se extiendan sin control y sin motivo más allá de todo límite tolerable. No es legítimo y no es civilizado que para combatir un mal oscuro se deban sacrificar nuestros derechos.

Es increíble cuán débiles, sumisas, poco escuchadas son las voces de la libertad. Cuánto nos vuelven capaces de aceptar todo abuso el miedo y la confusión. No es el momento de olvidar que sin libertad no hay sociedad civil, sin libertad no hay mercado, sin mercado no hay economía, sino sólo prevaricación de unos pocos intereses ávidos, miopes y opresivos. Y sin respeto y atención hacia nuestros interlocutores (sean de opinión o de mercado), no hay empresa que merezca sobrevivir.

Desarrollar quiere decir soltar, liberar. No atar o constreñir.




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